𝗦𝗲𝗻̃𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗽𝗹𝗶𝗲𝗴𝘂𝗲
En los círculos donde realmente se toman las decisiones políticas en Atizapán cobra fuerza la versión de que Román Francisco Cortés Lugo habría optado por aceptar un acuerdo político con el grupo encabezado por Anuar Azar y Ana Balderas para buscar su reelección como diputado local. Esa decisión explicaría por qué, en las últimas semanas, su aspiración a la candidatura de Morena a la presidencia municipal ha perdido visibilidad.
La más reciente medición de Massive Caller confirmó el rezago de su proyecto político. Con 7.7 por ciento de las preferencias, Román Cortés aparece en la sexta posición, por debajo de Enrique Contreras, Bárbara González, Norberto Becerra y Leylani Richard, mientras que 22.8 por ciento de los entrevistados aún no define su preferencia.
Quizá por ello, su presencia pública se ha vuelto cada vez más esporádica y parte de su equipo comienza a diluirse entre otras alternativas políticas.
Su principal base de respaldo político se encuentra en el panismo tradicional, no por una circunstancia coyuntural, sino porque ese ha sido históricamente su territorio de formación y crecimiento político. Ahí construyó relaciones con Ana María Balderas Trejo, Edgar Armando Olvera Higuera y Víctor Hugo Sondón Saavedra. Ese origen condiciona su credibilidad en Morena y alimenta la percepción de que su cambio de partido responde más a un cálculo de viabilidad electoral que a una definición ideológica.

𝗘𝗹 𝗯𝗮𝘀𝘁𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗗𝗶𝘀𝘁𝗿𝗶𝘁𝗼 𝗫𝗩𝗜
La ruta de la reelección luce como la opción más viable. El Distrito XVI ha sido durante años su principal bastión político, donde construyó su estructura y obtuvo sus mayores triunfos electorales, entonces bajo las siglas del PAN.
Incluso es viable que la alianza de la Cuarta Transformación decida dejarlo pasar en esa posición y que Román Cortés considere que todavía conserva capacidad de negociación con el PAN, aunque al final se trataría de un espacio que, en términos políticos, seguiría abonando al proyecto de Morena.
Si compite nuevamente y obtiene la victoria ahora con Morena, buscaría demostrar que su liderazgo depende más de su trabajo territorial y de su estructura política que del partido que lo postula.
Todo indica que, haciendo eco del ambiente mundialista que ya se respira en el país, la contienda por la presidencia municipal de Atizapán comienza a oler a final femenil. En Morena, el escenario parece concentrarse en dos nombres: Bárbara González y Leylani Richard. La sucesión local empieza a tomar, cada vez con más fuerza, aroma de mujer.
